female-gender-signUna etapa de crisis y confusión es la de la adolescencia. Saber en qué consiste ese desafío y que miedos generamos en nosotros es importante ya que al conocer esta etapa dejaremos de sentirnos víctimas de nuestros hijos y viviremos el cambio como una oportunidad para crecer con ellos.

Los adolescentes necesitan separarse de sus padres, buscar ideas propias y saberse personas independientes. Para los padres este proceso es doloroso, se resisten a desprenderse de sus hijos, no aceptan la realidad de que están creciendo y que son capaces de tomar decisiones, ahora  tienen intereses  donde los padres no estamos  incluidos.

Los padres fuimos educados con algunas ideas determinas, fijas e inamovibles. Constituían lo que en se pensaba cuando éramos niños y allí siguen, en nuestro interior como pilares, como creencias inconscientes, como  ideales incuestionables. Los adolescentes son parte de una nueva generación, nacieron en otro momento cultural, diferente, que aunque no nos guste cuestionan y desafían nuestras viejas ideas. Esto nos enfrenta con ellos, sin tomar en cuenta que esta es una oportunidad para pensarnos, ya que la vida es un movimiento contínuo.

Como padres determinamos lo que consideramos está bien o mal para nuestros hijos, y ellos desafiantes quieren poner a prueba nuestra autoridad. En las nuevas generaciones, el sentido de la vida están cambiando, desde el trabajo y las formas de ejecutarlo, la felicidad y el desarrollo personal. En este mundo cambiante en el que viven, se sienten solos y perdidos, y todavía necesitan límites. De ahí la importancia de mantenernos firmes aunque nuestros hijos se rebelen. En esta etapa, la comunicación es la clave para educar. Y para comunicarnos con nuestro adolescentes es necesario escucharlos, sin ideas previas, sin un guión de lo que vamos a decir o sobre cómo deben ser las cosas. Abrir un espacio para que haya contacto.

En temas tabú, como drogas y sexo, la confianza fallará si no los escuchamos sin enfadarnos y sin juzgarlos tratando de entender lo que realmente les pasa. No nos preocupemos porque todo lo hagan bien – según nosotros –  y ayudémosles a  atravesar los momentos que están viviendo. Abrazarlos, decirles lo importante que es para nosotros, no tratar de dominarlos ni someterlos.

Al conocer esta etapa, tendremos paciencia cuando anden de mal humos o estén enfadados, que se rebelen y muchas veces se alejen de nosotros. Este proceso es necesario y sano por más que nos duela aceptar que han dejado de ser niños y son adolescentes. En esta etapa  la relaciones entre los padres y los hijos, cambia para siempre, de nosotros depende fortalecer la relación, apoyándolos, entendiéndolos pero sobre todo haciéndoles saber cuánto los amamos.

 

JANA
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