education-knowledge-values copiaLas grandes crisis humanas que se han vivido a nivel mundial, han llevado al hombre a un desencantamiento vital y a una desconfianza de su propia naturaleza. Quiénes somos y qué podemos llegar a ser, en algún momento histórico parecían preguntas cuyas respuestas eran bien conocidas por todos.  Sin embargo, las guerras mundiales, las crisis económicas y la insuficiente capacidad de las economías de mercado han lanzado a la humanidad a un “horror vacui”.

Esta crisis no ha permanecido indiferente en el Estado de Sinaloa, aunque los horrores universales a los que anteriormente se hacía referencia puedan parecer alejados de nuestra realidad concreta, nosotros hemos vivido nuestra propia desilusión respecto a la bondad de nuestra esencia humana: la creciente violencia e inseguridad que se respira en nuestras comunidades, los asesinatos y violaciones de los derechos humanos, la desconfianza e individualidad a la que nos estamos habituando definitivamente han de llevar al desencantamiento y a la añoranza por devolverle al hombre su bondad primigenia.

¿Cómo pretendemos que las personas procuren los valores humanos más altos en sus vidas si los desconocen?

Habría que comenzar antes de hablar de valores (como comúnmente se ha venido haciendo de un tipo para acá) a hablar de la noción de bien, ya que es esencialmente diferente  la noción del bien que yo tengo cuando, al conseguir dinero fácil y rápido, digo que “es bueno”, que cuando digo que “perdonar las ofensas y respetar a los demás es algo bueno y bello”.

Por eso, habría que educar no tanto en los valores como en el bien. Porque el bien hay que conocerlo. La ignorancia del bien impide y frustra su búsqueda. Quien no sabe lo que es bueno, no podrá saber qué hombre es o no bueno y, en consecuencia, no podrá confiar en él, ni imitar su conducta ni elegir los actos que conducen al bien. Es decir, no sabrá conducirse a sí mismo por no distinguir entre lo que es bueno o malo.

De la noción de bien se desprende la de valor: El valor moral es la cualidad que hace que una acción humana sea intrínsecamente buena, atractiva por su propia bondad y englobante de la totalidad de la persona, de la totalidad de su bien por lo que se hace irrenunciable, al menos que se renuncie a la eudemonía.  (Como se podrá apreciar para hablar de valores se requiere una antropología de base que dé cuanta clara de qué se entiende por hombre y su finalidad).

Lo anterior son conceptos fundamentales sistemáticos (o especulativos) particularmente creemos que los esfuerzos que se han realizado en los diferentes programas que buscan una educación en valores han quedado en estos conceptos sistemáticos. Sin embargo, la educación, como tarea formadora y perfectiva de la persona, se dirige a dos facultades, a saber: la inteligencia (fundamentos sistemáticos) y la voluntad (conceptos fundamentales prácticos -Estos conceptos, más puramente éticos que los precedentes, se hallan cargados de connotaciones culturales, sociales, religiosas, jurídicas. Digamos que están cargados de elementos históricos, sociológicos y etnológicos y que su significación no es una significación puramente racional-).

La primera se atiende con la transmisión de conocimientos y de cultura; la segunda con la formación moral, con la areté aristotélica (la virtud moral) (¿Cómo puede uno conocerse a sí mismo? Nunca –sólo- por la reflexión, pero sí por medio de la acción. Intenta cumplir con tu deber, y sabrás en seguida lo que hay en ti. Goethe).

De los valores pasamos a la virtud, ésta no consiste, según Aristóteles, en el mero conocimiento del bien, sino en su ejercitación, en el ejercicio del bien (La virtud se manifiesta bajo un doble aspecto: uno intelectual, otro moral; la virtud intelectual proviene en su mayor parte de la instrucción o educación, de la que ella necesita para darse a conocer y desarrollarse; igualmente exige ella práctica y tiempo, mientras que la virtud moral es hija de los buenos hábitos –Aristóteles Ética Nicomaquea Libro II cap. I-).

De hecho, la experiencia nos enseña que el hombre puede conocer muy bien la virtud y obrar en contra de ella. La virtud es una disposición estable hacia el bien, un hábito que perfecciona al hombre para obrar bien.  La educación en las virtudes se encamina a hacer al hombre bueno. El hombre bueno es el que hace bien la misma realización de su entera naturaleza (El bien, en el orden práctico, se hace, y al hacerlo, el hombre se hace bueno) Por eso, Aristóteles afirma algo que es muy relevante para la educación: lo que hay que hacer después de haber aprendido, lo aprendemos haciéndolo.

Debemos en nuestras comunidades enseñar valores y vivir virtudes  recordando el aforismo popular según el cual: “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”

 

Rigoberto Camacho Corrales
Filósofo y Terapeuta
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