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Necesario es, en el campo de la psicología, revisar el origen de nuestros complejos, traumas con el fin de modificar en el presente conductas nocivas para nuestro desarrollo; en ello es definitivo el papel que jugaron nuestros padres.

En algunas ocasiones  se llega a magnificar el impacto de la huellas del pasado dejando de lado la relevancia de nuestra responsabilidad para la gestación del cambio en el presente y futuro de nuestra vida. Es algo muy obvio, bajo distintas lupas, al llegar a la edad adulta tenemos la elección de decidir cómo deseamos vivir, cuales entornos son de nuestro agrado y la calidad de nuestras  relaciones interpersonales.

Por otro lado es común la intención en algunos de quitar de tajo dicha influencia en quien hoy somos; esto no es posible, claro que hay un peso significativo, los genes y la crianza que recibimos, tan es así que repetimos involuntariamente patrones de nuestros progenitores en diversas áreas de nuestra vida.

En el presente artículo nos enfocaremos a la parte positiva del legado; es indiscutible: si en este momento poseo la oportunidad de leer este escrito, “algo” hicieron mis padres para que yo lo lograra.

Retomemos algo muy importante, como seres sociales somos susceptibles a las decisiones de los grupos de poder; es decir las políticas socio-económicas determinan en muchos casos la estabilidad y seguridad de los grupos humanos. En nuestro país, los años treintas, cuarentas y cincuentas estaban en ciernes la generación de programas nacionales de desarrollo; debido a ello pudiera ser que las carencias económicas hicieran estragos y haya muchas probabilidades de que nuestros padres tuvieran como prioridad conseguir el alimento y conservar la salud más que cualquier otra cosa.

Asimismo en más de un caso también vieron en la formación académica la oportunidad para el salto económico, tal vez por ello “la letra con sangre entra”, era forzoso que se recibiera “lo quieras o no”; además el número de hijos era mucho mayor que hoy en día, era desconocido en aquellos tiempos lo del “tiempo de calidad”. Es simple de entender, dejaron de lado “lo demás”, no porque no fuera importante sino porque tal vez no se podía.  Y es así como quedaron al margen el aspecto afectivo, la calidad de la relación interpersonal, la autoestima, entre muchos otros.

Lo anterior no significa que nuestras generaciones hayan gozado de bonanza económica ni de políticas públicas de equidad y desarrollo sostenido; sin embargo hoy día existen oportunidades con las que nuestros padres no contaron, algunas de ellas:

  • Más y mejores oportunidades académicas públicas y privadas.
  • Un sistema de salud más avanzado para enfrentar enfermedades.
  • Diversidad en la oferta de empleo tanto en la esfera pública como en la privada.
  • Mejores oportunidades para las mujeres en el desempeño laboral.
  • Medios de transporte terrestre y aéreo para una mayor diversidad de puntos geográficos.
  • Desarrollo técnico y tecnológico para el hogar.

En fin en diferentes aspectos gozamos de mejores oportunidades que nuestros padres, y su ejemplo con respecto a: esfuerzo, trabajo, responsabilidad, constancia, perseverancia, tenacidad fue verdadero. Fuimos observadores de sus luchas diarias al enfrentar adversidades, problemáticas sociales injustas, relaciones familiares complicadas, y en ocasiones flagrantes abusos de los que ostentaban el poder. Todo ello en circunstancias donde tal vez no contaban con el conocimiento necesario para saber defenderse adecuadamente.

Si somos honestos, fue profundo y significativo lo que aprendimos de nuestros padres, tanto que al recordar el pasado pudiéramos encontrar diferentes flashazos donde identificamos su amor por nosotros, situaciones donde se hicieron a un lado a sí mismos, con todo y sus flaquezas, para darnos lo que necesitábamos.

De la misma manera, ellos también tuvieron padres que se equivocaron, de los que aprendieron a ser padres. Y es así como se da la rueda de la vida, el engranaje va dejando huella en cada generación, los que confiamos en la especie humana, en la vida y en Dios, sabemos que cada vez somos mejores padres. Nuestros hijos serán mejores padres que nosotros pues también aprenderán de nuestros errores.

 

M.C. Claudia Morales Gómez
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