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Nuestra Iglesia católica tiene un nuevo Pastor. Francisco I es a partir del día 13 de marzo nuestro nuevo Sumo Pontífice, Pastor de la Iglesia Universal y Guía espiritual para millones de católicos que estamos diseminados en todo el mundo.

El nuevo Papa se ha mostrado desde su primer acto público como un amigo. Como quien se preocupa por quienes más necesitan de compañía y oración. Ejemplo grande cuando antes de ejercer su ser pastor universal, daría muestra de solidaridad y preocupación dirigiendo una plegaria por su antecesor el Papa emérito Benedicto XVI.

La primer bendición que forma parte del protocolo como Sumo Pontífice no se realizaría sin antes pedir a todos los que estábamos asistiendo, ya sea directamente en la Plaza de san Pedro o en vivo por los medios de comunicación, que hiciéramos oración por el nuevo Papa.

Motivante actitud de plegaria por los demás y que muestra a un Papa que invita a todos los católicos a que juntos hagamos Iglesia, que juntos seamos Iglesia. Que nos necesitamos unos a otros comenzando desde la oración.

Vimos a un Sumo Pontífice que comenzó su labor desde la sencillez de quien ofrece su experiencia de Evangelio, que inicia un pontificado, en el cónclave más visto y comentado en toda la historia, desde la plegaria de intercesión y agradecimiento cargado de fe.

La bendición otorgada desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, fue evidentemente una de las que podemos decir: “mi Iglesia es rica, es abundante, es preciosa en fe”, pues todos recibimos esta señal que sana, que alegra, que refresca nuestra fe. Asimismo nos otorgaría la indulgencia.

Tener un Papa que se hace llamar “Francisco”, nos marca un modelo de quien desea inspirar su vida en uno de los santos que ha cambiado el mundo: San Francisco de Asís. Vivir el Evangelio desde la sencillez, o desde la sencillez vivir el Evangelio se convertirá en un empeño de nuestro Papa que como Francisco, se encargara de enseñarnos, guiarnos y santificarnos.

Los días que corrieron desde la renuncia de Benedicto XVI, ahora emérito, hasta la fecha, han transcurrido vertiginosamente y bajo la mirada del mundo entero. Creyentes o no, fuimos testigos de un fenómeno mediático fantástico. Nos ofrecieron información valiosa. Hasta los cronistas deportivos o del espectáculo se convirtieron en conocedores vaticanistas y analistas de Curia y Cardenales.

Nos queda a cada uno de nosotros el compromiso de poder seguir sosteniendo este ritmo vertiginoso. Ahora de dar a conocer con nuestro ejemplo de obras y palabras una Iglesia única, una Iglesia que tiene mucho que dar; una Iglesia que tiene un líder carismático que va más allá de la política, del escándalo, de la superficialidad. Un Pastor que muestra una realidad de Iglesia trabajadora y sostenida desde el Evangelio.

La Iglesia mediatizada de la que fuimos testigos durante catorce días debe seguir, ahora dando a conocer el valor de cada católico. Mostrar lo más preciado que tenemos: la fe. Mostrar una Iglesia, que si bien tiene errores humanos, sigue adelante gracias a que éstos humanos queremos seguir unidos al Sucesor de san Pedro y trabajar junto con él.

Pbro. Lic. Esteban Robles Sánchez
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