skd181499sdcCada año observamos que la palabra amor se va comercializando cada vez más y va perdiendo su auténtico sentido para rebajarse al ámbito puramente placentero donde el otro deja de ser amado para ser utilizado.

Quien ama verdaderamente, busca el bien del otro sin esperar nada a cambio. Lo importante no es tener una relación sexual, sino tener una relación de amor verdadero que cuida la esencia misma del amor humano. Quien traiciona el amor y colecciona solo experiencias sexuales se priva de la posibilidad de conocer y vivir el amor conyugal al que está llamado.

Cuando el amor se reduce a una simple unión sexual se convierte en un juego peligroso y en un acto de egoísmo. Cuando un hombre y una mujer se aman verdaderamente se entregan en su totalidad y sin reservar nada. El placer es solamente una consecuencia no un fin.

Cuerpos hay muchos y son más o menos iguales pero la persona no solamente es cuerpo, también tiene una parte de él que se eleva a lo espiritual, por ello unirse a otra persona es iniciar un compromiso de querer quererse para siempre.

¿Es necesario tener relaciones íntimas para saber si hay compatibilidad entre los futuros esposos?

El verdadero amor dura las 24 horas del día en cambio las relaciones sexuales ocupan una porción muy pequeña en ese conjunto. La persona es un ser que se transforma continuamente por medio de la voluntad, tiene la facultad de adaptarse a los diferentes medios o circunstancias.

Es bien sabido que algo que me guste ahora va de acuerdo con mi edad o moda, deja de gustarme conforme voy madurando y mi personalidad se va transformando. El placer es una sensación temporal agradable y necesaria que acompaña ciertos momentos de la vida, el verdadero gozo proviene del interior de cada uno de nosotros.

¿Es permitido todo en el matrimonio?

Muchos psicólogos y terapeutas matrimoniales han aconsejado a las parejas, erróneamente a nuestro juicio, que “todo es permitido en la pareja”, basta solo que se pongan de acuerdo los dos y lleguen hasta donde quieran. Desde luego, ellos ven sólo la parte erótica de la sexualidad, pero se pasan por un lado la integridad del matrimonio y desde luego la parte espiritual.

Entonces, ¿Hasta dónde está permitido llegar? Hasta donde no manche o destruyan el amor. Todo está permitido siempre y cuando sirva para crecer en el amor. La máxima que tomamos es la sentencia de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Entiéndase el amor como lo más delicado que tiene la pareja y que debe cultivarlo y cuidarlo como lo más sagrado.

Cuando la pareja entra en el terreno de la intimidad sexual, está entrando en una zona totalmente delicada. Hay en esta zona una línea imaginaria que no se debe traspasar. Cuando en la pareja uno de los dos quiere experimentar cosas “nuevas” en su vida sexual, el problema es que a partir de aquí siempre se buscará algo nuevo.

Esta pareja automáticamente terminará en una separación, porque empezará a ver al otro como un instrumento de placer más que el compañero de viaje en su vida. El criterio por lo tanto será ser creativos en su relación, utilizando todos los elementos, dentro de su relación de pareja, que lleven a aumentar su amor no a destruirlo.

Rescatemos el significado auténtico del amor y no lo rebajemos a un simple día en donde todo es comercio quedando reducido a quien  ofrezca el regalo más grande y caro es quien “más quiere o ama a su pareja o amigo”.

 
 
P. Javier Antuna García
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