lona_pio_de_la_fe_2x2_50mts_01

  1. Participar en la Misa: participar en la Santa Misa para vivir un encuentro personal con Dios, del modo más inmediato, “Una participación regular en la Misa refuerza la propia fe a través de las Escrituras, el Credo, las oraciones, la música sagrada y la homilía. Claro está, recibiendo la Comunión y formando parte de una comunidad de fe”.
  2. Acudir a la confesión: “Los católicos reciben fuerzas y profundizan su fe celebrando el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación”, y la Confesión “llama a volver a Dios, a expresar el dolor por las caídas, y a abrir nuestra vida a su infinita misericordia. La confesión nos renueva y nos devuelve la gracia para poder seguir caminando con paso firme en este peregrinar hacia la tierra prometida.
  3. Conocer más la vida de los santos: ayudará a tener ejemplos válidos de cómo vivir una vida cristiana, a través de diferentes formas como la docencia, el trabajo misionero, la caridad, o la oración, y tratando de agradecer a Dios en las acciones y decisiones de común de la vida cotidiana.
  4. Leer la Biblia cada día: “No se puede prescindir de la Biblia para un sano crecimiento durante el Año de la Fe”. Y claro está, que no sólo se debe leer también hay que reflexionarla para que la Palabra llegue al corazón de la persona y produzca esa transformación de vida que servirá para dar a conocer el Reino de Dios en la tierra.
  5. Conocer los documentos del Concilio Vaticano II: Es recomendable leer los documentos del Concilio Vaticano II -del que se celebra este año su 50 aniversario-, para llevar adelante su trabajo de renovación en el campo de la celebración de la Misa, del papel de los laicos, del ecumenismo y en el diálogo interreligioso.
  6. Estudiar el Catecismo: El cual recoge en un solo volumen los dogmas de fe, de la doctrina moral, de la oración y de los sacramentos de la Iglesia Católica, y sirve como “un verdadero recurso para crecer en la comprensión de la fe”. Es triste saber que hay muchos católicos que piensa que el catecismo de la Iglesia es solamente lo que se nos dio cuando se nos preparaba para la primera comunión, pensamos que todo estaba en aquel pequeño libro de 10 hojitas con la portada de un ángel.
  7. Hacer voluntariado en la parroquia: Un ejemplo puede ser, participar en el coro parroquial, en la liturgia, proclamar las lecturas en misa, dar catecismo, llevar despensas a los más pobres, ayudar en el aseo de la iglesia o pintarla, repararla, e incluso ayudar a construir una nueva capilla. La parroquia tiene muchas necesidades, no solamente materiales, sino también de evangelización y podemos integrarnos para ayudar a ello, claro está que debemos primero prepararnos para compartir, ya que no podemos dar lo que no tenemos.
  8. Ayudar a los necesitados: “La Iglesia pide a los católicos hacer donaciones de caridad y socorrer a los más necesitados durante el año de la fe, porque en el pobre, en el marginado, y en el vulnerable, se encuentra Cristo personalmente”. Podemos llevar despensas el domingo en misa, también ropa o medicinas. La caridad debe resplandecer en todo aquel que lleve a Cristo en su corazón y ayudando a los más desprotegidos estaremos ayudando a un hermano.
  9. Invitar a Misa a los amigos: “Una invitación personal puede realmente marcar la diferencia para alguno que se haya alejado de la fe o se sienta un extranjero dentro de la Iglesia”. Hay que no sólo invitarlos a misa, sino buscar cómo explicar todo lo bello que tiene la celebración Eucarística. Para ampliar más la información al respecto, les recomiendo ver la película EL GRAN MILAGRO. Ahí nos podemos ver reflejados, pero también vamos a poder ver todo de lo que muchas veces nos perdemos por comportarnos pasivamente.
  10. Por último, encarnar las Bienaventuranzas en la vida diaria, para crecer en la humildad, la paciencia, la justicia, la misericordia, la transparencia y la libertad. Las bienaventuranzas “son precisamente el ejemplo de fe vivida que acerca al Año de la Fe”.
 
 
Mons. David Laurin Ricken
El Presidente de la Comisión para la Evangelización y la Catequesis de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

.