Desde hace tiempo se viene escuchando que la descomposición social tiene su origen en la desintegración de las familias. Luego se dijo que la raíz de dicha descomposición o pérdida de los valores es responsabilidad de la educación.

Sin embargo existen muchas familias en las cuales los padres viven de manera ejemplar los valores y alguno de sus hijos toma un camino equivocado; así como también se observa a personas muy preparadas intelectualmente pero tanto familiar como personalmente viven dentro de una crisis por no saber solucionar sus problemas.

Lo cierto es que ni la educación ni la familia han dado resultado para acabar con este virus de violencia que nos afecta a todos.

Recientemente me enteré de un programa que aunque ya tiene años dándose en Colombia, en México apenas se está desarrollando. El programa lleva por nombre ESPERE (Escuelas de Perdón y Reconciliación –para adultos-) cuyo fundador es el sacerdote colombiano Leonel Narvaez (ver páginas 22 y 23 de este periódico).

Dicho programa propone trabajar el interior cada persona ya que arrastra muchos corajes contra la sociedad, su familia y contra sí mismo. No es posible la paz en la sociedad si no se trabaja con cada individuo de manera particular para lograr el perdón y la reconciliación.

El programa es interesante y aunque no plantea nada nuevo en su esencia, si lo hace en sus formas. Creo que se ha perdido mucho tiempo en los programas de valores en las escuelas para conseguir la paz social. Es tiempo de comenzar con programas como el de ESPERA para responsabilizarnos cada quien de nuestros corajes y resentimientos contra otros y comenzar a sanar el corazón para experimentar la paz personal, familiar y dar este paso tan deseado: la paz social.

Pbro. Lic. Javier Antuna García
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