Landscapes3 copiaEn ocasiones sucede que nos apegamos y aferramos a un solo sentido y al perderlo creemos que se acabó. Ya no hay otra cosa por hacer. Olvidamos que la vida es cambio constante, ella nos está demandando descubrir otro, el nuevo, el que está esperándonos. En este proceso es necesario considerar que la paciencia juega un factor clave pues el re-significarlo puede ser lento y desearíamos acelerarlo, y queda perfectamente la frase “Si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente cualquiera las haría”.

El pesimismo o la negatividad acerca de los cambios,  trae por consecuencia el pensar que son malos o son castigos, no es así, es lo opuesto: ya estamos listos para otra etapa pero la falta de confianza en nosotros mismos (creer)  nos  hace “caer” en ese estancamiento psicológico. Esto en ocasiones también está generado por las pérdidas que no hemos asimilado. Pareciera como si nos obstináramos en quedarnos así, en renunciar a la vida, como si nos brindáramos a la muerte. Y poco a poco vamos muriendo.

Creer parece cosa fácil y nos quedamos en medio-creer. Medio-creo en mí, medio-creo en ti, medio-creo en la familia, medio-creo en la vida, y así sucesivamente. Es así como vamos opacando nuestro ímpetu, vamos obscureciéndonos y sepultando nuestro sentido.

El inicio del medio-creer lo podemos percibir en nuestras actitudes, parece curioso que en los adolescentes lo notamos rápidamente cuando en nosotros desde hace tiempo empezó; sólo hay que recordar algo: en la adolescencia es parte de la etapa de desarrollo, en la adultez ya es cuestión de conciencia y responsabilidad personal.

¿Cómo empezar a reintentar el creer? Primeramente dándonos cuenta de nuestro medio-creer, con honor, valentía y amor. Tenemos recursos personales aún no despiertos. En cualquier momento de la vida van cambiando y podemos expresarlos. Siempre es tiempo de volver a creer.

Tomémonos el tiempo de escribir y recordar cuáles fueron las diversiones a los 7 años, los amores, los encantos, los juegos. Después a los catorce, cuáles eran nuestros sueños, las ilusiones, las diversiones. ¿Y qué paso a los 21? Cuáles los retos, los tropiezos, los triunfos. ¿Qué hubo en nosotros de amor a la vida? ¿De dónde sacamos fuerza de la debilidad? ¿Qué perdidas hay que soltar? ¿Qué amores podemos recordar? Muy probablemente hay mucho y todavía más por hacer.

El renovar la Fe en sí mismo reconcilia a la persona con el mundo y con la vida. Por ello el CREER, el dejar de MEDIO-CREER, nos acerca a una relación íntima con nosotros mismos y con lo que somos: parte fundamental de la vida, del planeta y de Dios. Anímate a CREER.

 
 
MDH Claudia Morales Gómez
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