DSC03999 copiaExisten ocasiones en las que la dinámica diaria nos aleja del placer de estar vivos y nos lleva al agobio provocando una sensación de ansiedad latente y sufrimiento. Las prisas, la presión, las complicaciones, entre otros se vuelven en un verdugo insolente que no deja respiro; provocando en ocasiones el deterioro de la salud, a esto le llaman los médicos estrés.

Dentro de este marco de vida es poco probable disfrutar de la naturaleza, las personas, las propiedades, y el respirar. A veces cosas tan simples como tomarse un vaso de agua fresca en un momento crítico podría darnos aliento para continuar en la lucha diaria. Y que decir de la sonrisa de nuestros hijos, amigos o hermanos; así como la música, la belleza y una tarde de lluvia en el portal de nuestra casa. Todo esto es parte de la vida y de estar vivo.

Pasa también que hemos aprendido, desde hace varias generaciones “hay que sufrir para merecer”; cierto es que el dolor es el catalizador por antonomasia para nuestro desarrollo como seres humanos pero no es el único; también lo es el contacto físico amoroso, el dar algo a quien amamos, realizar una obra desde lo más profundo de nuestro interior, admirar la creación de Dios, Amarnos a nosotros mismos y a los demás.

Mucho ocurre que el sufrir sea el pan de cada día como si no hubiera para más, como si sólo fuéramos para eso; esto en ocasiones se debe a que tenemos miedo a ser felices, parece increíble pero SÍ. No contemplamos la posibilidad de la felicidad tal vez por una creencia errónea parecida a esta: “si ya estamos sufriendo no podremos sufrir más”, como si fuera un amuleto anti- sufrimiento y nos quedamos en él, causándonos a nosotros mismos lo que queremos evitar: el sufrimiento crónico.

¿Podemos ser felices? Si, cuando sea nuestra decisión serlo, ¿Cómo? Con nuestra actitud positiva frente a la vida y sus acontecimientos; así como se oye de simple así es; sin perder de vista que seguirán momentos de bajada y momentos de felicidad.

Algo importante en nuestra vida es la respuesta a las interrogantes ¿Quién soy cuando estoy en momentos difíciles? y ¿Quién soy cuando estoy en momentos felices? Sucede con frecuencia que la respuesta a la primera sea “soy un perdedor” y a la segunda “soy un exitoso”.

Bajo estas etiquetas estamos fritos, si fritos y sólo por nuestra cabecita loca que no haya que hacer ni con uno ni con lo otro. Somos los mismos, sólo que  ante distintas experiencias, el problema en cuestión es cómo enfrento ambas caras de la vida. Para esto requiero de un momento de autocontemplación y respondernos a la pregunta ¿cómo quiero enfrentar esto?, y ponerle aquello que se requiere: valor, pues tanto uno como para el otro se necesita coraje ante la vida, decir si a la vida.

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En lugar de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla” (Albert Einstein).

Nosotros estamos llamados a ser felices, Dios nos creó y nos dio cualidades únicas y personales, depende de nosotros hacerlas vida; cuesta trabajo, lo sabemos, pero también lo vale.

M.D.H. Claudia Morales G.
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