Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica

Miércoles de ceniza 2021

Subsidio para orar en familia

Este subsidio pretende ser una ayuda para todos los fieles, especialmente las familias, presuponiendo que también tomarán parte, a través de los diferentes medios, en la transmisión de las celebraciones, principalmente las dominicales; de este modo se busca que los fieles puedan reunirse en familia para orar juntos, a propósito principalmente de lo que la Palabra de Dios presenta para este Domingo: “La carne del Señor es verdadera comida y su sangre es verdadera bebida; este es el verdadero bien que se nos da en la vida presente, alimentarse de su carne y beber su sangre, no solo en la Eucaristía sino también en la lectura de la Sagrada Escritura. En efecto, lo que se obtiene del conocimiento de las Escrituras es verdadera comida y verdadera bebida” (San Jerónimo). Por esta razón, será tan importante que todos los fieles, mejor si es en familia, puedan escuchar toda la Palabra de Dios prevista para este día, a través de las transmisiones, así como la homilía que el sacerdote celebrante haga a propósito de ella.

NOTA IMPORTANTE:

El Miércoles de ceniza es día de AYUNO (hacer una única comida durante el día, pudiendo tomar un poco de alimento en la mañana y al atardecer) y ABSTINENCIA (carne de res, cerdo, borrego, pollo, pavo…).

La celebración en familia puede ser guiada por el papá o la mamá, o el miembro que haga cabeza en la familia.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Bendigamos a Dios Padre, que nos reúne en nombre de Cristo para que unidos con toda la Iglesia estemos en comunión los unos con los otros por la fuerza de su Espíritu Santo.

Todos: Bendito seas por siempre, Señor.

Guía: Queridos hermanos, por una larga tradición, la Iglesia inicia la Cuaresma, un tiempo intensivo de purificación, con la celebración del Miércoles de ceniza, en el cual los cristianos, al recibir este signo que denota la condición del hombre pecador que confiesa públicamente su culpa delante de Dios, por lo que expresa su voluntad interior de conversión, impulsado por la esperanza de que Dios sea apiade en su misericordia.

Escucharemos a Dios que quiere mover nuestros corazones a la conversión; dispongámonos, llenos de docilidad, a este itinerario penitencial como un camino de renovación cristiana que culminará con la solemne celebración de la Pascua.

Por eso, reconociendo que hemos pecado y nos hemos apartado de Dios, pidamos su perdón.

Todos guardan un momento de silencio.

Guía: Tú que borras nuestras culpas:

Señor, ten piedad de nosotros.

Todos: Señor, ten piedad de nosotros.

Guía: Tú que creas en nosotros un corazón puro:

Cristo, ten piedad de nosotros.

Todos: Señor, ten piedad de nosotros.

Guía: Tú que nos devuelves la alegría de la salvación:

Señor, ten piedad de nosotros.

Todos: Señor, ten piedad de nosotros.

Guía: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Todos: Amén.

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Joel 2, 12-18

Esto dice el Señor: “Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos. Vuélvanse al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia, y se conmueve ante la desgracia.

Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros y nos deje una bendición, que haga posibles las ofrendas y libaciones al Señor, nuestro Dios.

Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno, convoquen la asamblea, reúnan al pueblo, santifiquen la reunión, junten a los ancianos, convoquen a los niños, aun a los niños de pecho.

Que el recién casado deje su alcoba y su tálamo la recién casada. Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: ‘Perdona, Señor, perdona a tu pueblo.

No entregues tu heredad a la burla de las naciones. 

Que no digan los paganos: ¿Dónde está el Dios de Israel?’ ”

Y el Señor se llenó de celo por su tierra y tuvo piedad de su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL

Del Salmo 50

R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Por tu inmensa compasión y misericordia,

Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.

Lávame bien de todos mis delitos,

y purifícame de mis pecados. R.

Puesto que reconozco mis culpas,

tengo siempre presentes mis pecados.

Contra ti sólo pequé, Señor,

haciendo lo que a tus ojos era malo. R.

Crea en mí, Señor, un corazón puro,

un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.

No me arrojes, Señor, lejos de ti,

ni retires de mí ti santo espíritu. R.

Devuélveme tu salvación, que regocija

y mantén en mí un alma generosa.

Señor, abre mis labios,

y cantará mi boca tu alabanza. R.

SECUNDA LECTURA

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 20 – 6, 2

Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos.

Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor dice: En el tiempo favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí. Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice:

“No endurezcan su corazón”.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO

Escuchen, hermanos, el santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará’’.

Palabra del Señor.

Luego el que guía invita a los presentes a guardar un momento de silencio para interiorizar el Evangelio escuchado.

Cuando se tiene ceniza ya bendecida por el sacerdote, el que guía dice una sola vez para todos:

Guía: Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver.

Después, toma la ceniza y la deja caer sobre la cabeza de cada miembro de la familia, sin decir nada.

A continuación, pase a las preces.

Cuando NO se tiene la ceniza bendecida por el sacerdote:

Guía: Renovemos y mejoremos nuestra vida, pues por ignorancia hemos pecado; no sea que, sorprendidos por el día de la muerte, busquemos un tiempo para hacer penitencia, y ya no sea posible encontrarlo.

Todos: Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

Guía: Ven en nuestra ayuda, Dios salvador nuestro; por el honor de tu nombre,líbranos, Señor.

Todos: Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

Mientras cada uno de los miebros de la familia, traza sobre sí mismo la señal de la cruz en la frente, el que guía dice:

Guía: Conviértanse y crean en el Evangelio.

Luego, el que guía, invita a orar, diciendo:

Guía: El Señor clemente y compasivo nos ha llamado, por medio de su Palabra, a reconciliarnos con él en este tiempo de gracia que estamos iniciando.

Llenos de confianza en su perdón, aclamemos:

R. Señor, ten piedad de nosotros.

1. Porque nos exhortas a reconciliarnos contigo. R.

2. Porque quires que sigamos los valores del Reino de Dios. R.

3. Porque nos invitas a tener un corazón puro. R.

4. Porque nos llamas a cumplir tus mandamientos. R.

5. Porque esto significa promover la justicia y la paz. R.

6. Porque queremos iniciar un camino de conversión y arrepentimiento. R.

7. Porque queremos alegrarnos con tu salvación. R.

8. En estos momentos de emergencia. R.

A continuación, el que guía invita a que todos oren con la Oración del Señor, diciendo:

Guía: Oremos al Padre, pidiendo que perdone nuestras ofensas; hagámoslo como el Señor Jesús nos enseñó:

Y todos juntos dicen:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Comunión espiritual

A continuación, el que guía puede invitar a hacer la comunión espiritual, con estas palabras:

Guía: Es importante recordar que nada se compara con recibir la sagrada Comunión sacramentalmente; sin embargo, en estos momentos de emergencia sanitaria, cuando nos vemos todavía privados de poder asistir a recibirla en la celebración de la Eucaristía, podemos hacer una comunión espiritual, que es una devoción eucarística en la que decimos ardientemente a Jesucristo cuánto deseamos recibirle; por lo que requiere nuestra disposición interna que nos mueve a pedirle que aumente en nosotros la sed de Dios y nos disponga para poderlo recibir sacramentalmente en cuanto nos sea posible.

Especialmente en este día, con este firme deseo, digamos juntos:

Creo, Jesús mío,

que estás verdaderamente

en el Santísimo Sacramento del altar;

te amo sobre todas las cosas

y deseo recibirte en mi interior.

Pero ya que ahora no puedo hacerlo sacramentalmente,

ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya hubiera comulgado,

te abrazo y me uno todo a ti.

Señor, no permitas que me separe de ti.

O bien, esta otra:

Jesús, ya te extraño;

aunque deseo comulgar en este momento,

tengo que esperar

hasta que pueda participar en la Eucaristía,

por eso te pido que vengas ahora

espiritualmente a mi corazón.

Y todos guardan un momento de silencio.

El que guía, continúa, diciendo:

Guía: Que el día de ayuno con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma sea el principio de una verdadera conversión a ti, y que nuestros actos de penitencia nos ayuden a vencer el espíritu del mal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

Finalmente, el que guía, invoca la bendición de Dios para los allí presentes, diciendo:

Guía: El Señor, todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Todos: Amén.

Todos trazan el signo de la cruz mientras el guía continúa diciendo:

Guía: Bendigamos al Señor.

Todos: Demos gracias a Dios.

Oración del Papa Francisco

Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino

como signo de salvación y de esperanza.

Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos,

que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos,

sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás,

para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría

y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor,

a conformarnos a la voluntad del Padre

y a hacer lo que nos dirá Jesús,

quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos

y ha cargado nuestros dolores para conducirnos,

a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios.

No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba

y líbranos de todo peligro,

oh Virgen gloriosa y bendita.