coloquio2Según datos referidos por el INEGI, más del 80% de las custodias de menores de edad después de una separación se entregan a la madre, y cerca del 20% se otorgan al padre, lo que ha propiciado que algunas organizaciones inicien protestas por discriminación en base a cuestiones de género, más este fenómeno de índole jurídico, en el que comúnmente los matrimonios llegan desgastados tras un largo litigio, y en el que la decisión del Juez de lo Familiar o de lo Civil dicta una sentencia, tiene un trasfondo que pocas veces sale a la luz pública. Es decir, para que un Juez pueda emitir dicha sentencia, deberán correrse investigaciones expresas por peritos de las áreas humanísticas, como por ejemplo psicólogos, terapeutas familiares, trabajadores sociales, e incluso antropólogos y sociólogos, mismos que tienen muy bien estudiado el rol de cada uno de los progenitores, – padre y madre – y los requerimientos de un niño para poder emitir una recomendación.

El problema se ha suscitado en el momento en el que el sistema legal ha reconocido como familia a las uniones de personas del mismo sexo y que además cuentan con hijos, y que por supuesto al revisar a cuál de los dos padres o madres se le dará la custodia, entramos en un serio conflicto. Es decir, el concepto padre conlleva una serie de cualidades, virtudes, responsabilidades, aptitudes y actitudes que son esenciales y que se ponteciabilizan con el proceso educativo de cada persona, del mismo modo el concepto de madre. Erróneamente hemos escuchado a mujeres afirmar que son padre y madre a la vez, siendo en realidad que han sobrepasado el rol madres en razón de la ausencia del padre, es decir hemos ignorado el significado etimológico y epistemológico de los conceptos padre y madre elaborando un estatus unisex, mismo que es ambiguo y carente de sentido.

Pues bien, especialistas responsables en recomendar sobre la custodia de los menores han encontrado un primer problema tras las uniones legales de parejas del mismo sexo: cómo definir quién juega el rol de madre y quién el rol de padre, -ciertamente las parejas femeninas tienen menos problema, los hijos serán de quien los parió-, pero en el caso de los varones, el asunto es un poco más complicado, siguiendo los apartados de la Convención de los Derechos del Niño, mismo que exige que todas las autoridades deben velar por el interés superior de los niños, preservando el mejor ambiente físico, emocional y psicológico acorde a la edad del menor, quizá la custodia se puede reservar para quien tenga mayor solvencia y sobretodo un estilo de vida que apoye el desarrollo integral del niño, más en muchos países donde han sido reconocidas estas uniones de personas del mismo sexo con antelación y se encuentran envueltos en estos dilemas, mismos que no tenían contemplados al integrarlos al momento de legislar en su favor, ha surgido la figura de custodia compartida para remediar parcialmente el problema lo que ha propiciado lamentables complicaciones, mismos que a la facha no han sido resueltos con beneficios para ninguna de las partes involucradas.

Hoy todos los especialistas, se encuentran ante una gran encrucijada, inventar un nuevo sistema para catalogar a un padre o a una madre, o ayudar a que cada persona reconozca el papel esencial de vida que posee, pues no se trata de suplantar figuras o roles, sino de ser presencia, pues así como la maternidad no sólo conlleva dar a luz de forma biológica, sino afectiva, y la paternidad no sólo brindar fortaleza y cobijo, sino valor y autenticidad, la responsabilidad de toda persona será reconocer que un hombre no puede ser madre y una mujer no puede ser padre, no por capricho o simple exigencia externa, sino por el pleno convencimiento de una realidad humana, de la esencia que nos hace libres y que nos permite darnos cuenta que nada en este mundo es un accidente o error, aunque nos esforcemos por hacerlos parecer, sino que la perfección de cada persona surgirá en el momento que se reconozca como ser perfecto, completo, parte de ello implicará que todos valoremos la relación que existe con nuestro propio padre y con nuestra propia madre, ese simple acto nos puede dar la pauta para respondernos la siguiente pregunta. ¿Sería correcto negarle el derecho a un niño de tener un padre y una madre, obligándolo sólo a conocer el amor de dos padres o de dos madres?

 

Por: Ph. D. Gabriel Mercado
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