CartelA4El mes de octubre está dedicado mundialmente a despertar el Espíritu Misionero en la Iglesia. Se conoce como el “Mes de las Misiones” porque se incrementa la animación misionera, la oración y el aporte económico a favor de las misiones, con el objetivo de que el Evangelio se proclame a todos los hombres.

Todos los miembros de la Iglesia, impulsados por el mismo Espíritu, estamos consagrados, por el bautismo, para ser enviados a la misma misión de la Iglesia, evangelizar. Es por eso, que en cierto sentido, todos somos misioneros, obligados, como dice el Evangelio, a comunicar un buen mensaje (Cfr. Mc 16, 15) a todas las personas que se cruzan en nuestro camino y nos rodean. Ser misionero implica pensar, decir y hacer el bien, perdonar, incluso a quienes más nos ofenden; es decir, ser misionero es reflejar a Cristo a los demás.

La Familia, la Primera Misión

El primer lugar para la misión es la familia. Especialmente en estos tiempos en que parece que todo concurre a deshacer este cimiento de la sociedad. Nuestra misión consiste en trabajar y esforzarnos para que sea la primera comunidad de fe, para que a su vez, se done a la sociedad, cumpliendo con su labor misionera.

Padres de Familia, Misioneros del Hogar

Los padres de familia deben asumir, ya, su deber esencial de evangelizar a sus hijos y evangelizarse mutuamente, de lo contrario, los miembros de la familia no estarán preparados para vivir todas las circunstancias de la vida, especialmente el sufrimiento, enfermedades o la vejez. Los padres de familia están obligados a buscar que todos los miembros de la familia puedan, realmente, recibir la Buena Nueva, que no es otra cosa sentirse amado por Dios, reconocer que necesitamos a Jesús, nuestro Salvador, para tener un verdadero cambio de vida, para así, vivir como Iglesia, amándonos los unos a los otros (Cfr. Jn 13, 34).

Hagamos Nuestra Parroquia Misionera

Como comunidad parroquial, todos los que la conformamos, debemos ofrecer nuestros hermanos el alimento de la fe, la Buena Nueva de la salvación, e ir en busca de los alejados, realizando así la misión. Ninguna comunidad cristiana es fiel a su obligación si no es misionera. Este espíritu misionero se necesita con máxima exigencia para los no-cristianos y alejados, a quienes incluso se les debe compartir el primer anuncio del Evangelio (Kerigma).

Es el mismo Espíritu Santo quien suscita e impulsa apostolados eclesiales para responder a las nuevas exigencias de la misión actual, mismos que están al servicio de la Iglesia. Como comunidad parroquial estamos obligados a capacitarnos para, tal y como San Juan Pablo II lo decía, hablemos cada vez más de Jesucristo.

La Oración, Columna de las Misiones

La oración debe acompañar el camino de los misioneros para que el anuncio de la Palabra sea fecundo. El sacrificio de los misioneros, que tiene valor salvífico, debe ser sostenido por la oración de los fieles. No dejemos de orar por los misioneros, para que María, Reina de los Apóstoles, guíe sus pasos, así como los de todos los que cooperan en la evangelización, misión, universal de la Iglesia. Oremos también, para que el Señor generosamente siga suscitando misioneros que presten, con la alegría del Evangelio, su servicio generoso.

“La Iglesia necesita muchos y cualificados evangelizadores que, con nuevo ardor, renovado entusiasmo, fino espíritu eclesial, desbordantes de fe y esperanza, hablen cada vez más de Jesucristo” San Juan Pablo II.

 

Prof. Néstor Javier Rojo Rivera
Equipo de Misioneros Diocesanos Laicos
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