mons_jonas_guerrero_oct_14El escritor TERTULIANO acuñó esta frase que fue recordada por el Papa Benedicto XVI: “No se nace cristiano, se hace”, en el proceso de la fe que se asume en la iniciación y se profundiza en la catequesis, en la fe que se celebra en los Sacramentos y en la fe que se hace caridad en el compartir cristiano de bienes; fe dinámica iluminada constantemente por el Evangelio, sostenida por la oración y decantada por la caridad que purifica de todo mal.

Hacer cristianos es la identidad de la Iglesia de Jesucristo, nacida para evangelizar, esa es su identidad: Madre fecunda, afirma el Papa Francisco. Y continúa valorando a las mujeres del Antiguo Testamento que pasaron de la esterilidad a la fecundidad: Sara, Isabel, Noemí… envejecieron sin descendencia pero fueron transformadas, fecundas por gracia de Dios, tuvieron descendencia a lo largo de la historia de salvación; el Señor es capaz de hacerlo. Fecundidad es la gracia que hay que pedir para nuestras parroquias y comunidades de fe, para que la parroquia misionera atraiga a los alejados, a los no practicantes y los acompañe a fin de que se hagan discípulos del Resucitado, del que está vivo y hace nuevas todas las realidades con la novedad del evangelio de la vida: Jesucristo.

La parroquia no adoctrina, la parroquia misionera presenta progresivamente la vida de Jesucristo, adaptada a la mentalidad y a la situación del evangelizando o del catecúmeno o del alejado o increyente y lo atrae a Jesucristo vivo y hace posible el encuentro con el que es fuente de la alegría evangélica. Requiere un desarrollo progresivo, poco a poco, paso a paso; un camino de respuesta libre de adhesión a la persona de Jesucristo, a su Palabra, a sus promesas, a su proyecto de felicidad o BIENAVENTURANZAS, a su paso por la cruz hacia la Resurrección.

A los bautizados se les llamó ILUMINADOS por la luz fulgurante del Evangelio que los hizo pensar como Jesús, tomar decisiones como Él desde la oración y la apertura a Dios Padre; por eso se le llamó INICIACIÓN, progresiva asimilación de la vida en Cristo para amar como Él, perdonar como Él, relacionarse con las cosas, con los demás y con su Padre del cielo como Él lo vivió.

Los sacramentos sellan y dan vigor a ese proceso de hacerse cristiano: se nace por el Bautismo, se robustece por la Confirmación y se alimenta y permanece en la Comunión Eucarística. Así el discípulo es iniciado en el Misterio de Cristo, los Sacramentos o Misterios unen al discípulo a la vitalidad de Jesús y entra en la historia de salvación por Cristo, con Él y en Él; así, el discípulo hace el camino hacia Dios Padre, la fe es camino, es proceso y es vitalidad día a día en Jesús.

El iniciado hace un itinerario de madurez de su fe personal unido a una comunidad, la fe requiere comunidad: la familia, la parroquia o el grupo parroquial en el que se crece, madura y da frutos: “los he destinado para vayan y den fruto abundante y duradero” (Jn 15,16); de ahí la fecundidad de la parroquia misionera.

La iniciación o la re-iniciación es una experiencia o son experiencias en las que entra en juego la Palabra de Dios, los Sacramentos de iniciación y la comunidad; se requiere el kerigma y la catequesis; y se requieren también los ritos sacramentales que impregnan al iniciado y lo transforman. Todo ello pide una comunidad con sus ministerios para que el neófito (recién iniciado) integre todo lo escuchado, celebrado y vivido en su estilo de vida nueva en Cristo y llegue a ser ADULTO EN LA FE por obra del Espíritu Santo en la Iglesia misionera de Cristo Jesús, se integra así a una comunidad de vida nueva.

El iniciado a su vez ayudará a otros a ser discípulos: “vayan y hagan discípulos y bautícenlos” (Mt 28,20).

+Jonás, Obispo de Culiacán.
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