El día 18 de diciembre en solemne Eucaristía celebramos la dedicación del altar de nuestra Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario en la ciudad Episcopal de Culiacán. Además de embellecer la histórica Catedral, la incorporación de elementos nuevos en los espacios conforman la distribución debida para el desempeño de nuestras celebraciones eucarísticas con nuestro obispo a la cabeza.

La Catedral lucía radiante, lejos de podernos recordar los lamentables acontecimientos del mayo de 2012, se erige ahora como un precioso monumento que invita a la oración y renueva nuestra fe. La ceremonia presidida por nuestro obispo diocesano Mons. Jonás Guerrero Corona contó con la participación de más de ciento cincuenta sacerdotes, vida consagrada, seminaristas, autoridades civiles: nuestro presidente municipal Aarón Rivas Loaiza y su distinguida esposa, la Sra. Sofía Carlón de López presidenta estatal del DIF, Francisco Ríos Avendaño quien es el delegado del INAH en Sinaloa, miembros del patronato pro-obras de Catedral, personalidades e invitados.

Fuimos testigos de un acto histórico al ser partícipes de la dedicación del altar que resulta ser una de las ceremonias más emotivas y singulares por los gestos y símbolos que la acompañan: Unción del santo Crisma, Incensación con brasero sobre el altar, oración. El altar fue ungido por nuestro obispo. La limpieza corrió a cargo de las hermanas Siervas de Jesús Sacramentado y la ornamentación por cuenta de las Madres Franciscanas de Guadalupe.

Destacamos algunos fragmentos de la homilía de nuestro padre y pastor don Jonás Guerrero Corona:  “hermanos, la Dedicación de este altar nuevo en esta Iglesia Catedral nos ha reunido para festejar la gratuidad de Dios que nos ha dado un Salvador como sumo  Sacerdote y  Altar vivo”.

“Espero que de hoy en adelante celebrar los Misterios en este espacio adecuado conforme a la normativa de nuestra madre, la Iglesia católica, sea estimulante para recordar la visión del Concilio Vaticano II sobre la identidad de lo que somos en la perspectiva de los documentos Luz de los Pueblos y Sacrosanto Concilio: somos el sujeto celebrante, el Pueblo de Dios presidido por su pastor, con la vitalidad de los ministerios reconocidos y los servicios requeridos para que se logre una celebración participativa, consciente, piadosa y activa”.

“Este  área celebrativa ha de expresar el sentido relacional de la fe superando una liturgia de espaldas al pueblo, individualista, intimista y vertical, facilitando el diálogo entre el que preside y la asamblea…”

“Nuestro altar es por su  misma naturaleza la mesa peculiar del sacrificio eucarístico y del convite pascual, es el centro de la acción de gracias y se prescribe que sea fijo y único de manera que sea símbolo genuino de Cristo quien es nuestro único Señor y en el altar se festeja el Misterio Pascual”.

“Distribuir el área celebrativa con todos sus elementos responde a un modelo de Iglesia para pasar a un modelo de celebración donde el sujeto es el Pueblo de Dios con sus ministros ordenados a la cabeza y el ejercicio de los ministerios y servicios para una celebración comunitaria que lleva al culmen de la comunión, de la salvación que Dios realiza con su pueblo que escucha, que aclama, que canta su fe, que se ofrece con Cristo y entra en comunión para permanecer en Cristo para gloria del Padre”.

“De ahí la presencia de Cristo en la celebración dentro de los espacios enfatizados para ello: está presente en la asamblea, en el sacerdote celebrante que preside, en la Palabra que se proclama y en el Memorial que se celebra en el altar; las cuatro presencias del Señor se visibilizan en la sede, aquí la Cátedra o la sede alterna para un  presbítero que presida en esta Catedral, el ambón, el altar y el área de la asamblea incluído el coro como parte de dicha asamblea y todos los ministerios requeridos según el tipo de celebración: diácono, acólito, ceroferario, animador litúrgico o comentarista, los ujieres u ostiarios que acogen y acomodan a los participantes, etc. Etc”.

“Me llena de gozo presidir esta solemne celebración con todos ustedes presbíteros siempre en comunión y participación, indispensables cooperadores de su obispo;  con nuestro querido seminario en su 175 aniversario de fundación palpitante de esperanzas, con la vida consagrada cuyos carismas se suman a los dones de Dios en los laicos corresponsables del evangelio en estas tierras sinaloenses, con todos los Movimientos y Asociaciones portadoras de renovada vitalidad en la Nueva Evangelización”.

Al finalizar la solemne Eucaristía, se develó la placa conmemorativa que da fe del evento y data con exactitud esta dedicación haciendo historia para mantener nuestra identidad dando la información debida a las futuras generaciones.

 
Por: P. Esteban Robles
Fotos: Daniel Gerardo
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