Ortega y Gasset (1883-1955), filósofo e intelectual de España opina que entendemos el mundo a través de narraciones e historia. Él dice que el hombre nace en una colectividad que tiene una historia desde antes y esa historia también va a seguir después de su muerte. De esa manera el hombre es parte de la colectividad en un momento dado y comparte la inteligencia anterior y contemporánea y también puede dejar algo para el futuro. Por lo tanto, existe una inteligencia colectiva.

Cuánta razón tenía Ortega y Gasset con esta sentencia que se ha hecho célebre para identificar al filósofo y su filosofía.

Sin embargo, hay quienes se escudan en las circunstancias que les rodea para justificar su comportamiento o los comportamientos de los demás, escudándose en su historia familiar, social o prácticamente por las circunstancias que les rodea.

La psicología humanista nos enseña que no somos responsables de lo que hicieron con nosotros cuando éramos pequeños, pero si somos responsables de lo que nosotros hagamos con eso que nos pasó. No se puede justificar ningún comportamiento por muy duras que hayan sido las circunstancias que le llevaron a realizarlo.

Somos responsables y en cierta medida cómplices de toda la descomposición social en la que vivimos. Nos quejamos de todo pero somos parte de ese todo.

Se dice que los padres familia de hoy tuvieron que obedecer a sus padres y ahora les toca obedecer a sus hijos. Se está perdiendo la identidad del padre de familia, el respeto a la autoridad y sobre todo, la enseñanza de los valores a los hijos por medio del ejemplo.

Cuando se debilita la autoridad, se pierde el respeto y comienza la descomposición familiar. No es de extrañarse entonces, que atrás de una sociedad descompuesta exista una familia desintegrada.

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”: bien interpretado a Ortega y Gasset diríamos que no soy responsable de las circunstancias que me recibieron cuando vine a este mundo, pero si soy responsable de aquello que deje cuando me llegue el momento de abandonarlo. Cada uno puede cambiar su entorno cuando comience por sí mismo.

 
 
Pbro. Javier Antuna García
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